CUALQUIER PERSONA ES COMPETENTE PARA APRENDER.

En nuestro mundo vivimos y convivimos millones y millones de personas, cada una de ellas diferente a todas las demás; diferente en el sentido de que, cada cual ve y vive el mundo que le rodea de una forma particular de acuerdo con su propia identidad, es decir, su cultura, su raza, su sexo, sus características personales, sus propias vivencias, experiencias, sentimientos, ... Cada persona, como ser diferente, construye una respuesta diferente; y es en esta diversidad donde radica la riqueza de la humanidad, porque cada persona tiene algo que aportar, algo que enseñar a todos los demás y de lo que aprender y enriquecerse. Porque, ¿qué sería de la humanidad si todos, aun perteneciendo a la élite (guapos, altos, sanos, inteligentes, ...) fuésemos iguales?, ¿no es más bella y más rica la variedad?. Entonces, ¿por qué se segrega y etiqueta a aquellos que, dicen, poseen menos capacidades, son menos valiosos y por ello es mejor excluirlos porque siempre van a ser así?, ¿es que acaso no todas las personas pueden aprender y desarrollarse como seres humanos que son?, ¿por qué existe la idea generalizada de que algunas personas están limitadas? Como dice H. Maturana, hay dos dimensiones propias de todo ser humano: la biológica y la humana. Desde el punto de vista biológico no hay limitados, sino personas distintas unas de otras. Es desde lo humano que la persona aparece como limitada en el momento en que nosotros lo pensamos. "El niño limitado no está intrínsecamente limitado, es este diagnóstico el que estabiliza su condición de insuficiencia frente a los demás".

Así, vemos cómo la medicina y la psicología han cometido grandes errores en sus diagnósticos al etiquetar a muchas personas, creando una serie de prejuicios sobre ellas considerándoselas, en la mayoría de las ocasiones, como "incapaces" de aprender, lo cual trae como consecuencia una reducción considerable de las espectativas por parte del sujeto, su familia y los expertos hacia sus posibilidades y, por tanto, una progresiva anulación de la persona como tal.

El ser humano no se mide, se comprende. El diagnóstico, por tanto, debe servirnos para conocer, comprender y, así, intervenir mejor; debe ofrecernos conocimientos sobre las personas, sus contextos y la interacción entre ellos mismos para conocer mejor las diferencias entre los seres humanos y evitar las desigualdades. El diagnóstico tiene que ofrecer otro modo de enseñar a mejorar y transformar las condiciones de las que se parten que, es difícil creer que sean eternas e imperecederas porque, ¿hasta qué punto la genética determina el desarrollo y la vida de las personas? Los genes representan sólo una posibilidad; éstos actúan de manera flexible según la estimulación que reciban del medio. Por tanto, no hablamos de inteligencia como algo que nos viene dado sino de procesos cognitivos, como algo que se adquiere o se construye; el desarrollo del ser humano no es algo programado y estático sin posibilidad de cambio a través de la educación; el desarrollo es algo más dinámico y procesual. En consecuencia, es difícil sostener el concepto de inteligencia clásico como un cúmulo de capacidades innatas de carácter universal independientemente del contexto cultural.

Como vemos, se hace necesario construir una nueva concepción de inteligencia que cuestione la vieja idea creada de que algunas personas han sido programadas genéticamente y de nada sirve despilfarrar medios y recursos; se hace necesario construir una nueva Teoría de la Inteligencia que parta de las diferencias y no de las homogeneidades y que se base en la premisa de que todas las personas y no algunas personas son competentes para aprender.

En todo ello juega un papel muy importante la escuela, desde donde se puede ofrecer la oportunidad de que cada niña y cada niño ponga de manifiesto sus competencias cognitivas, sociales y culturales, rompiendo con el determinismo psicobiológico sobre las incompetencias en el aprendizaje como algo eterno e imperecedero y se contemple como algo susceptible de modificación; no centrándose en la modificación de la persona para que se adapte al medio, sino confiando en sus competencias (cómo las viven y desarrollan a lo largo de su propio aprendizaje) y cualificando los contextos.


Anterior Siguiente Indice