En este apartado vamos a analizar la Diversidad en la Reforma bajo un punto de vista crítico y comprometido.
La Diversidad es una realidad en las aulas al igual que en la sociedad debiendo entenderla no como defecto sino como valor. Así pues, es algo que existe sin más, pues no hay dos personas iguales, pero que convertimos en problema cuando no sabemos cómo atenderla. La tolerancia se convierte así en el valor fundamental que necesita la Cultura de la Diversidad. Pero, ¿qué tolerancia estamos transmitiendo en los centros educativos cuando se califica según un baremo normalizado en lugar de evaluar?, ¿cuando todas las actuaciones se enfocan a legitimar la norma?, ¿cuando esta Diversidad es rechazada por jóvenes y adultos e incluso queda fuera de los objetivos planteados por la LOGSE?
Si echamos un vistazo a la ley que regula el nuevo sistema educativo español, encontramos objetivos como: "relacionarse con otras personas e integrarse de forma participativa en actividades de grupo con actitudes solidarias y tolerantes, libres de inhibiciones y prejuicios" , a la vez que podemos leer otros como: "comprender y producir mensajes orales y escritos en castellano, atendiendo a las peculiaridades del habla andaluza, con propiedad, autonomía y creatividad, utilizándolos para comunicarse y organizar el pensamiento". Como podemos ver, bajo el último objetivo mencionado subyacen prejuicios (esos mismos que se rechazan en el primer objetivo expuesto) al considerar que todos los alumnos y alumnas se comunican mediante el sistema lingüístico oral mayoritario, quedando excluidos, por ejemplo, niñas y niños sordos, paralíticos cerebrales, etc.
Para que el segundo de los objetivos expuestos tuviese una filosofía basada en la tolerancia debería tener en cuenta la diversidad de sujetos a los que el sistema educativo atiende. Muchos de los objetivos que plantea la Reforma podrían ser más consecuentes con la Diversidad si tan sólo se matizara, se añadiera o se eliminara parte de los mismos. El profesorado no debe pensar que, como no se reflejan en sus objetivos esas otras posibilidades diferentes a las del grupo mayoritario, no hay por qué atender a quienes no comparten la norma. Así, todo queda en manos de la buena voluntad que el docente quiera poner al respecto, dando la impresión de tratarse más de una cuestión de calidad que de una obligación profesional.
La escuela actual ofrece una educación que margina al intentar normalizar a todos los ciudadanos entendiendo la diversidad como un defecto y no como algo a partir de lo que podemos enriquecernos todos. Nos encontramos ante una escuela de apariencias en la que supuestamente se atiende a la Diversidad en un ambiente tolerante y libre de prejuicios, sin embargo, esa igualdad no hace más que ahondar en las diferencias que separan a las personas. Una igualdad de oportunidades real no puede basarse en dar a todos lo mismo sino en ofrecer a cada individuo lo que necesite.
La solución que aporta la escuela a la problemática que genera la atención a la Diversidad es una solución compensadora, lo que se intenta en el mejor de los casos es minimizar o reducir el curriculum homogéneo, es decir, insistir ofreciendo una y otra vez lo mismo pero para "tontos".
¿Por qué adaptar el curriculum escolar general a las necesidades de cada alumno y no hacer un nuevo curriculum en función de las necesidades de los mismos? ¿Tan difícil sería valorar los logros de cada individuo desde sus posibilidades sin tener que forzarle a rivalizar con sus compañeros y compañeras por alcanzar unos objetivos impuestos desde fuera y pensados para beneficiar a un determinado colectivo?